Gacetilleras, Pedro Fernán, Teatro, Vicky Molina

El Teatro por dentro y por fuera, Capítulo IV, por Pedro Fernán

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Los actores Jesús Calvo y Nacho Casado

Desde el autocar ya denotaba la luz del día. Jesús Calvo, en el asiento contiguo, entre consabidas sonrisas, murmuró: “Pedro, estás dando cabezadas de sueño”. Sueños ligeros, sí; evocando el pasado, musité, intentando impregnar aquellas palabras de lirismo para que él lo entendiera. Ambos sonreímos con afirmativa complicidad. La verdad, es que aquellos “sueños oníricos” nos trasladaban a tiempos anteriores y referentes al teatro de TESPIS Y A OTROS MUCHOS ACONTECIMIENTOS MÁS.

En seguida, Jesús me espetó: ¡Y cuándo te tragó el teatro romano! Carcajadas de los dos, y mirada de complicidad. ¡Qué numerito, contesté, ahora nos reímos , pero lo pasé fatal. Íbamos a representar LOS GEMELOS de Plauto y dos días antes había llovido. El escenario construido era de madera de aglomerado, y naturalmente, éste estaba mojado y parcialmente “blandito”. Dos días antes, una de las actrices había hincado un tacón en la blanda superficie del tablado y aquello ya era de suficiente alarma.

Yo hablé con algunos de los empleados y responsables del recinto: “Alguien de va a caer por culpa de los mojados de ese escenario. No me hicieron ni caso. Y llegó el momento de nuestra función. Al principio todo iba bien; pero en un momento donde se invocaba a los dioses griegos, donde yo aplicaba unos pasitos ridículos, se hizo un gran boquete por el cual fui abducido hasta la mitad de los brazos, cabeza incluida, en aquellos momentos no supe qué me pasaba, ni sabré nunca cómo emergí a la superficie de aquel supuesto escenario. Y aquella frase tan ocurrente que salió de mis labios: “¡LAS TRAMPAS MALAYAS DEL AYUNTAMIENTO!”

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Pedro Fernán

No lo esperaba, pero la respuesta del público fue inmediata y al unísono. El aplauso duró no sé cuántos minutos; yo me quería mover para comprobar la utilidad de mis piernas. Todo quedó en el sobresalto y tres arañazos, que tras la función me desinfectaron en el Hospital Noble; ahora sí; los empleados me llevaron allí, rápidos y con interés “responsable”.

Asintiendo con un gesto, Jesús se recuesta en la butaca con visible cansancio, lo que me permite a mí cerrar los ojos y repasar por última vez los hechos acaecidos en mi vida dentro del teatro. Desde los trece años hasta ahora nunca me he arrepentido de pertenecer a esta “Bendita profesión”. Me gustaría empezar de nuevo; pero los años pesan más que mis kilos de más. Y además, quizá, no volviera a conocer a compañeros, personajes, y amigos… a los cuales NO PODRÉ OLVIDAR NUNCA. Hacia ellos mi agradecimiento más profundo.

Pedro Fernán es Catedrático de la Escuela de Arte Dramático de Málaga

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